Desde que en la década de los 70 del siglo pasado las empresas evolucionan su orientación hacia el marketing, como consecuencia de la necesidad de descubrir y de dar satisfacción a las necesidades encubiertas de los consumidores, éste ha ido teniendo cada vez una mayor importancia hasta que en la década de los noventa obtenga ya la categoría de estratégico no ya solo para las grandes compañías, sino para el conjunto de las empresas.

Desde entonces son numerosos los estudios publicados, tanto desde un punto de vista teórico como práctico, de carácter general o analizando aspectos concretos, que han ido ensanchando el ámbito del que se ocupa esta disciplina. A la vez que ha ido evolucionando de forma exponencial se ha ido añadiendo nueva terminología para definir cada una de las políticas que lo integran o sus aspectos fundamentales.

Así, se ha definido el marketing mix, marketing relacional, marketing corporativo, marketing emocional, marketing conceptual, marketing operativo, marketing estratégico, etc., hasta llegar recientemente al marketing digital (también denominado marketing 2.0).

Todas estas acepciones no deben hacernos olvidar las cuatro variables que son los pilares a la hora de establecer nuestra política de marketing: producto, precio, plaza y promoción. Estas cuatro políticas más otras que se pueden considerar en función del tipo de producto o servicio conformarán la base a la hora de definir cualquier plan de marketing. No sería correcto el definir el plan solo en función de una parte de cualquiera de estos elementos, como ocurre en ocasiones en las que se plantea el desarrollo de una marca o de un producto a partir exclusivamente del marketing digital.

Cualquiera podría pensar que a una empresa como Google, casi dueña de la red,  le sería suficiente la presencia en esta como fórmula de promoción, sin embargo la mayor parte las empresas han recibido, en una de las acciones típicas de marketing directo de toda la vida, vía correo postal un vale por un importe determinado para probar Adwords.

Si ellos no lo hacen ¿por qué vamos a decirle a ninguna empresa grande, mediana o pequeña que defina su política de promoción en función de solo un multicanal como es el marketing digital?

El marketing digital incorpora toda una batería de canales que harán que los mensajes de nuestras campañas lleguen a un número mayor de clientes. Al mismo tiempo nos permite una mayor segmentación pudiendo dirigirnos directamente al conjunto de nuestro público objetivo o a segmentos mucho más reducidos que presentan una alta  identificación con nuestro target.

Redes como Facebook nos permiten llegar de forma individual a individuos que de antemano ya sabemos que  muestran algún tipo de interés en la clase de producto o servicio que nosotros ofrecemos.

Hay quien empieza a considerar la web como el gran oráculo que nos da la respuesta mágica a la pregunta del empresario que sabía que sólo el 50% de sus acciones de marketing eran eficaces, pero no sabía cuál era el 50% de acciones ineficaces para suprimirlas.

No obstante todavía queda un largo camino por recorrer ya que actualmente queda un 70% del total de consumidores que aún no tiene presencia en las redes, aunque este porcentaje varía mucho en función del segmento de población al que nos dirijamos. Habrá planes de marketing en los que los canales digitales tendrán una gran relevancia en detrimento de los tradicionales, mientras que en otros casos su presencia será menos relevante.

Redes sociales

En esta primera entrada del blog se ha pretendido en la necesidad de que el marketing digital no sustituye al marketing tradicional, sino que es una herramienta que debe ser tenida en cuenta a la hora de definir cómo vamos a promocionar nuestros productos y nuestra marca. A partir de aquí iniciamos un recorrido en el cual te invito a participar.